II Encuentro de Investigadores/as BCN 2013

Observando a Chile desde la distacia

Discurso de clausura del Encuentro

Deja un comentario

Es difícil hacer una síntesis de un encuentro, como el que en este acto finalizamos, sin caer en sentimentalidades y casuísticas; más si consideramos el esfuerzo que ha significado en términos personales -y por qué no, académicos- para todos quienes participamos en la organización del mismo.

Sin embargo, la urgencia del momento nos apremia para esbozar algunas reflexiones en torno a la temática de este II Encuentro de Investigadores/as chilenos/as, “Observando a Chile desde la Distancia”, Barcelona 2013. Observar a Chile desde la Distancia, no es sólo un slogan o una frase publicitaria, sino un apelativo que llama a la recomposición de las miradas y del tejido que aglutina a todos aquellos que -investigadores y estudiantes, becarios o no- nos encontramos fuera de nuestro país.

En su conferencia inaugural, el Dr. Núñez nos lanzaba un desafío que el Prometeo de Tréveris había ya expresado a los pensadores del mundo hace 160 años en sus Tesis sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

A partir del año 2011, el resurgir de los movimientos sociales -que tuvieron su mayor representación en el Movimiento Social por la Educación,  o en las jornadas de Aysén y Freirina- revelaron algo que las ciencias sociales habían adelantado hace más de una década: los clivajes y fracturas en el publicitado “milagro chileno” y que nos han obligado, de una u otra forma, a re-pensar nuestro modelo de  desarrollo y por ende al rol que la ciencia, las humanidades y las artes juegan en el país.

El desafío de observar a Chile desde la distancia es, además, una propuesta tramposa, puesto que esconde una imposibilidad: cada uno de nosotros es también un fragmento de Chile…

Y por lo tanto, observar a Chile es observarnos a nosotros mismos, con una interrogación necesaria e inevitablemente inquisitiva respecto a nuestro rol de investigadores. El esquema que propusimos para este II Encuentro no fue azaroso. Queríamos combinar diferentes miradas en torno a problemas macro, que nos obligaran a enfrentar observaciones y a reflexionar soluciones creativas a los desafíos que el Chile de hoy nos presenta. Y esto es, porque tenemos la convicción de que la realidad actual chilena nos obliga a resolver, entre todos, enormes desafíos. Por ejemplo:

¿Qué modelo de producción de conocimiento queremos? ¿Es acaso posible contestar aquella pregunta sin responder “qué Chile queremos”?

¿Queremos el Chile productor de materias primas, con bajo valor agregado y un beneficio público exiguo; o queremos que el conocimiento se transforme en desarrollo e innovación que permita agregar valor a nuestras exportaciones, generando beneficios sociales sostenibles y duraderos?

¿Queremos un Chile con una legislación ambiental débil, que privilegia los grandes emprendimientos y excluye a las comunidades de la posibilidad de decidir su modo de vida; o por el contrario, esperamos construir una legislación moderna, eficiente, que respete los derechos de las comunidades y que compatibilice la inversión socialmente relevante con el derecho a vivir en un entorno ambiental y culturalmente diverso y sustentable, que puedan disfrutar nuestros hijos, y los hijos de ellos?

¿Nos queremos comprometer con el Chile uniforme, estático, hispanohablante, heterosexual, y unitario; o esperamos un país donde las políticas públicas consideren la diversidad cultural, étnica, sexual, etaria y política de Chile, y que protejan la diversidad cultural que conforma nuestra nación?

¿Queremos fortalecer la educación segregada, clasista y de calidad discutible que hoy se impone en Chile; o esperamos construir una educación pública, gratuita y de calidad en todos los niveles, desde la sala cuna al postgrado; escuchando al Chile del 14 de agosto del 2011, al de “los cien mil paraguas”, al de la “marcha de los pingüinos”?

¿Queremos que la salud chilena se siga concentrando en el negocio de las clínicas privadas, de las Isapres que lucran con nuestras enfermedades, con una nula industria farmacéutica nacional y una salud mental apenas de contención; o, por el contrario, perseguiremos un sistema de salud que integre la innovación en biomedicina, la protección social, la salud preventiva y el derecho al bienestar?

¿Apostamos por ciudades segregadas, en donde el punto de encuentro ciudadano sean los centros comerciales y los malls; o planificaremos nuestro entorno desde la integración social y etaria, el fortalecimiento de las comunidades, la sustentabilidad y el bienestar ciudadano?

Como es evidente, hay una escala de grises entre los extremos de estas preguntas, y probablemente ni siquiera sean los extremos más radicales en cada una de estas temáticas, pero lo relevante es recalcar que no es posible pensar en contribuir al país con nuestros estudios de postgrado, sin antes pensar en las motivaciones y objetivos que perseguiremos a nuestro retorno.

Quizás no hay mejor ganancia para quienes nos encontramos en este Encuentro, que el perder el mareo al que inducen las meras cifras. Sin una reflexión crítica no solo personal, sino también estatal, no hay posibilidad de transformar nada. Así como en economía, en el ámbito académico hay una diferencia brutal entre crecer y engordar. Los miles de becarios, las nuevas convocatorias, el crecimiento al 5,5%, el tramposo “pleno empleo” (sin olvidar el bochorno del censo), el cobre a 3,3 dólares la libra, el ingreso per cápita cercano a los 20 mil dólares y la torre más alta de América Latina, no han redundado en un salto radical en ciencia, tecnología o humanidades. Y, por cierto, tampoco en una sociedad más protegida, justa y feliz.

Si queremos aportar a Chile, no basta con ser el mejor científico, o el mejor político. Es necesario compatibilizar nuestra actividad intelectual con la participación social activa, consciente y ciudadana por el Chile que esperamos. Rigor  académico, compromiso con el bienestar de nuestro país y organización colectiva, son entonces los tres elementos que los investigadores y estudiantes organizadores de este II Encuentro les proponemos hoy, aquí, como líneas de acción.

Como dijo el gigante  Antonio Gramsci a aquellos que querían cambiar el mundo:

“Instrúyanse, porque necesitaremos toda nuestra inteligencia.
Conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo.
Organícense, porque necesitaremos toda nuestra fuerza.”

Muchas gracias.

Por Boris Santander Pizarro.
Arqueólogo, Universidad de Chile.
Máster Erasmus Mundus en Cuaternario y Prehistoria, UTAD-IPT, Portugal.
Doctorante en Cuaternario y Prehistoria,  Universitat Rovira i Virgili, España.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s